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Marrakech: Tesoros solo para quien sabe mirar

Ruta por la ciudad roja en busca de los tesoros de Marrakech y retazos de su historia. Ciudad de olores, colores y sabores , reserva su belleza solo a quien sabe observarla. No dejes de visitar  el Palacio de la Bahia, Madrasa de Ben Youssef y la Mezquita de la Koitoubia. Pero sobre todo, de todos los tesoros de Marrakech, me quedo con la visita al Palacio Badi y a lasTumbas Saadies.

Tesoros de Marrakech

La primera impresión de Marrakech para el viajero es la de una ciudad caótica, de colores ocres y sin grandes monumentos reconocibles, mas allá de la mezquita de la Koutoubia y la plaza de Yamaa el Fna, que tiene propia vida en sí misma. Hay que perderse por la medina y dejarse llevar, pero estar atento a cualquier detalle. Abrir puertas y cuando menos te lo esperas, lo tienes delante y puedes admirar los llamativos azulejos azules, los blancos nacarados de los estucos, los marrones de las vigas y los famosos patios árabes refrescados con agua y abundante vegetación. En Marrakech la belleza está en el interior, por eso no debes tener miedo a abrir puertas y atravesar patios, nunca sabes lo que puede esperarte un poco más allá. A pesar de que la ciudad es abierta y alborotada, la belleza es delicada y reservada, no esta disponible para todos, solo para el que sabe encontrarla.

Tesoros de Marrakech

Madrasa de Ben Youssef

El punto de partida para iniciar la ruta es la plaza de Ben Youssef, donde en escasos metros aparecen tesoros del patrimonio arquitectónico de Marrakech. Uno de ellos es el museo de Marrakech, que permite al visitante bucear por toda su historia, otro el Qoubba almorávide, un conjunto hidráulico formado por una cisterna y unas letrinas que actualmente no están en funcionamiento, siendo el monumento más antiguo de la ciudad, otro más, es la mezquita de Ben Youssef, que solo permite la entrada a los musulmanes y  por último el edificio que nos ataña, la Madrasa de Ben Youssef.

Debo reconocer que al primer intento no la encontré, tal vez porqué tuve la suerte de que diluviaba en Marrakech ese día…y en el segundo intento, tras varias pasadas sobre su entrada al final la vi, y supongo que fue gracias a que había un guía con turistas hablando sobre ella, porque sino perfectamente hubiera dado alguna vuelta más. La razón por la cual el guía estaba con el grupo en la puerta era que la estaban restaurando, y para mi desgracia no pude entrar a visitarla.

Es una escuela coránica, y uno de los pocos edificios religiosos que se pueden visitar en la ciudad por los no musulmanes. Se fundó en el siglo XIV y debe su esplendor al sultán saadita Moulay Addallah, ya que la mandó reconstruir siglos más tarde.Tiene una placa en la entrada dedicada a él, en la que se puede leer “ El más glorioso de los Califas”.

Llegó acoger a más de 900 estudiantes en su máximo apogeo, y hoy pueden verse 132 habitaciones donde se alojaban los estudiantes. Lo más llamativo del edificio, es el patio con su suelo y el estanque de mármol de carrara, los llamativos mosaicos, las caligrafías talladas…resumiendo, la cargada decoración arábigo-andaluz con la que cuenta. Una lástima no poderlo ver en persona, pero ya hay una razón para volver a Marrakech. Dejo una foto del patio sacada de la página oficial. El horario de visita es de 9:00 a 18:00 y el precio 10 dirhams

Madrasa de Ben Youssef

Fuente Mouassine

Desde la plaza de Ben Youssef hay que ir en busca de la Rue Mouassine, para llegar hasta donde se encuentra la fuente Mouassine, ya sin el esplendor de antaño y pasando desapercibida para los cientos de turistas que pasan cada día por su lado. Actualmente está abandonada, y su utilidad es dar refugio a todos los gatos que se presten. En la esquina de la misma plaza, escondida también para el ojo del turista se encuentra la mezquita de Mouassine, pero no se puede entrar al menos que seas musulmán

Fuente Mouassine

Puerta Bab Doukkala y murallas de la medina

Desde la puerta Doukkala, hay un tranquilo paseo alrededor por las murallas hasta llegar a la puerta Bad Nkob. Las murallas tienen mucho que contar sobre Marrakech, han sido testigos de todos los hechos de la ciudad menos de uno solo, la llegada del sultán Yussuf Ben Tachfin cuando decidió establecer allí un campamento bereber en este oasis, alimentado por las aguas del Ourika. La muralla cuenta con 19 kilómetros y 9 puertas principales. Una de estas puertas, la de Bab Jdid, da acceso a la siguiente parada de la ruta.

Puerta-Bad-doukkala

Puerta Bad Nkob y paseo por las murallas

Desde la puerta Doukkala, hay un tranquilo paseo alrededor por las murallas hasta llegar a la puerta Bad Nkob. Las murallas tienen mucho que contar sobre Marrakech, han sido testigos de todos los hechos de la ciudad menos de uno solo, la llegada del sultán Yussuf Ben Tachfin cuando decidió establecer allí un campamento bereber en este oasis, alimentado por las aguas del Ourika. La muralla cuenta con 19 kilómetros y 9 puertas principales. Una de estas puertas, la de Bab Jdid, da acceso a la siguiente parada de la ruta.

Mezquita de la Koutoubia

Cuenta la leyenda que las tres bolas rojas doradas que brillan en lo alto del minarete de la mezquita, están fabricadas con el metal procedente de las joyas de la sultana Zineb, para que fuera perdonado su quebrantamiento del ayuno durante el Ramadán.

Es junto a la plaza de Yamaa el Fna el emblema de Marrakech. La mezquita de la Koutoubia fue acabada en el siglo XII bajo el mandato de Yakub el- Mansur y se ubica sobre los restos de un antiguo palacio almorávide del que aún hoy en los alrededores se puede ver algún vestigio. Su nombre viene dado por los libreros (llamados koutoubiyines) que vendían sus libros en sus alrededores para todos los estudiantes del Corán.

La mezquita es considerada como una joya de la arquitectura arábigo- andaluza. Su minarete, es el techo de Marrakech, y es un punto de referencia visible desde cualquier punto de la ciudad. Está adornada con ojivas de piedra y dos hileras de azulejos verdes y se levanta sobre los jardines y huertos de naranjos de los alrededores.

Mezquita de la Koutoubia

Puerta Bad Agnaou

Continuando por los jardines de la mezquita hasta llegar a la Rue Sidi Mimoun, donde es frecuente ver a burros con carros esperando su carga frente a las tiendas rebosantes de mercancía, hay que avanzar hasta el final de la misma, para llegar a la puerta de Bad Agnaou.

Es una de las puertas más antiguas de la ciudad, construida en la época de Yacub al Mansur. Si pasas simplemente por ella lo más probable es que pase desapercibida ante ti. Desde el interior apenas parece un arco de abobe bajo un tramo de la muralla. Pero si te alejas y la ves de frente todo cambia, tiene una decoración muy elaborada esculpida sobre piedra de esquisto y a ambos lados, dos cañones parecen escoltarla.

Puerta Bad Agnaou

Plaza des Ferblantiers

Cruzando la puerta y tornando a la izquierda por una callejuela, con unas tiendas de arte espectaculares, hay que ir hasta la Rue Arset el Haal, donde podrás observar en las terrazas llenas de los bares a ancianos bebiendo té y café, con una lentitud que parece que el tiempo no pasa por ellos.

La plaza es un buen lugar para descansar de la caminata y tomar un té, o aprovechar para comer. Es una zona animada, con el humo de los tajines cocinados a la brasa en los restaurantes a un lado y tiendas al otro. A escasos metros del centro de la plaza se encuentran dos sitios que hay que visitar si o si, el palacio Badi y el de la Bahía.

Visita al Palacio Badi

Hay una leyenda que dice que un día, el sultán preguntó a un invitado a su palacio que le parecía, y éste le respondió, será una bonita ruina. Y acertó, el palacio Badi es una hermosa ruina para pasear y perderse entre sus muros.

Es la culminación de la obra de  Ahmed al- Mansur (el Victorioso), que pudo verla terminada antes de morir. El palacio llegó a contar con más de 50 toneladas de mármol de Carrara que según dicen, fueron pagadas con el mismo peso de azúcar.

De la visita al Palacio Badi destaca el inmenso patio central con el que cuenta, ocupado por estanques y naranjos. Hoy las ruinosas murallas sirven de hogar a las cigüeñas, que esperan el momento adecuado para realizar su migración anual.

El final del esplendor de la obra de Ahmed al- Mansur llegó en el año 1666, cuando los saaditas fueron derrocados y el sultán Moulay Ismail saqueó el palacio, y todo lo que tenía valor se lo llevó para decorar sus palacios de Fez y Mequínez.

En el interior hay la posibilidad de visitar el minbar de la Koutoubia, que la verdad es impresionante. Una obra de arte con sus tallados en la madera de cedro y escrituras realizadas en oro.  Para poder entrar en la sala hay que comprar la entrada completa, que son 20 dirhams. No permiten hacer fotos en la sala. El horario del palacio es de 9:00 a 16:30 h.

Visita al Palacio Badi

Palacio de la Bahía

Regresamos sobre nuestros pasos hasta la plaza des Ferblantiers para desde allí, visitar el otro palacio que nos falta, el palacio de la Bahía, que de no ser por los turistas que suele haber a su entrada, sería otra joya que perfectamente pasaría desapercibida ante nuestros ojos.

El palacio es fruto de una historia de amor. El visir Ahmed Ben Moussa en 1860 lo mandó construir para su favorita, Bahía “La hermosa”. La construcción tardó 15 años en llegar a su fin y en su conjunto es una obra de arte. Cada rincón esta trabajado al detalle, mires a donde mires encontraras una decoración exquisita, azulejos estucos, paneles tallados, pinturas, maderas preciosas… todo un conjunto arquitectónico organizado como no podía ser de otra manera en torno al patio con una fuente en el centro. Eso sí, no esperéis encontrar nada en las habitaciones, todas están vacías.

La entrada cuesta 10 dirhams y el horario es de 9:00 a 16:30h.

Cementerio Judío

Saliendo del palacio de la Bahía, y caminando por su exterior en busca de la Rue Iman el Ghezali se llega al cementerio judío, que alberga las sepulturas de esta comunidad desde el siglo XVI.

Cementerio judío Marrakech

Mellah

Saliendo del cementerio, justo por la calle de enfrente se entra en la Mellah, el barrio judío de la ciudad. Actualmente muy pocas familias hebreas viven allí, pero aún puede verse alguna estrella de David tallada sobre las puertas. La verdad que no es un barrio muy apetitoso para pasear y debo reconocer que intentando perderme como de costumbre por los barrios en alguna calle me di la vuelta en busca de otro camino, pero en ningún momento tuve sensación de inseguridad. Según te acercas por sus laberínticas calles a la plaza des Ferblantiers, el aspecto exterior del barrio mejora.

Tumbas Saadies

Hay que desandar lo andado hasta llegar a la puerta Bad Agnaou, y desde allí guiarse por el minarete de la mezquita (muy similar al de la Koutoubia pero en pequeñito), para ir en busca de las tumbas saaditas. Como no podía ser de otro modo, la entrada está disimulada y si no vas específicamente en su busca pasaría desapercibida, aunque si bien es cierto que hay muchos del lugar que no te dejaran de decir tumbas, tumbas…para guiarte hacia ellas a cambio de unas monedas.

Personalmente  la visita a las tumbas Saadies fue lo que más me gustó de Marrakech. Ya desde la entrada que había que pasar por un pasaje estrecho y techos azules inclinados.

El pasaje da a un patio central que contienen los sepulcros. Éstos fueron descubiertos por los franceses en el año 1917. El patio está decorado con paredes de colores ocres, y mucha vegetación entre las que hay higueras y palmeras.  Hay diferentes rangos en las tumbas, desde la sencillez de las tumbas de las mujeres, casi sin decoración, hasta la sala de doce columnas que alberga la sepultura de Yacub el Mansur, con una cúpula de madera de cedro y decoración finamente tallada sobre madera.

Tumbas Saadies

Palacio Real

Regresando de las tumbas saadies hacia la calle Rue de la Casbhah, hay que poner rumbo al palacio real.  Es una calle muy animada, aunque modesta. Seguramente te encuentres a niños jugando al fútbol como si estuvieran en el partido de sus vidas, confieso que algún balonazo tuve que esquivar.  El palacio real no se puede visitar, pero bien merece dar un paseo por sus alrededores hasta acabar en el mexuar interior, que es un patio lleno de naranjos. A escasos metros se encuentra el jardín Agdal donde yo tenía pensado poner fin a la ruta, pero empezaba a diluviar sobre Marrakech y no me quedo otra que coger un taxi y volver al Riad.

Si tienes cualquier consulta sobre ruta por los tesoros ocultos de Marrakech y la visita al Palacio Badi, no dudes en dejar un comentario. Y si te gustó, y quieres recibir más entradas como esta, suscríbete al blog.

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