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Día 4: Abadía de Beauport – Costa de granito rosa – Bosque de Huelgoat

Cuarto día de la ruta por Bretaña visitando lugares mágicos y misteriosos. El despertador como de costumbre sonó temprano. Eran las 07:00 de la mañana y después de mirar por la ventana nuestros peores presagios se confirmaron, el cielo estaba gris y llovía con fuerza, algo que por otra parte es habitual en estas tierras bretonas. Hoy era el día más largo de la ruta, saldríamos de Dinan en la parte noreste de la Bretaña para recorrer toda la costa norte visitando el Cap Frehel, la Abadía de Beauport, el Sillón de Talbert y la impresionante Costa de Granito Rosa. Acabamos  en el Bosque de Huelgoat, a la entrada al parque natural regional de Armónica, a pocos kilómetros de la costa oeste del Finisterre francés. Resaltar que la ruta por Huelgoat fue de lo más impresionante de todo el viaje.

Fuerte la Latte y Cap Frehel

Estábamos a una distancia de 42 kilómetros y aproximadamente un tiempo de 50 minutos nos separaba de nuestro destino. A esas horas las carreteras estaban desiertas, pero la fuerte  lluvia  hacía que tuviéramos que conducir con precaución.  Antes de las 09:00 estábamos ya en el Fuerte la Latte. Para nuestra sorpresa el acceso al mismo es privado. La entrada cuesta 6,5€ y además, no abre hasta las 10:30. No podíamos permitirnos el lujo de esperar ese tiempo y decidimos partir hacia el Cap Frehel, que estaba a escasos kilómetros. Al llegar, otra nueva sorpresa ¡Había que pagar peaje! No era un precio alto, tan solo 3€, pero unido a que estaba diluviando, decidimos no entrar.

La verdad que fue una decepción esta primera parada programada, pero no quedaba otra. Pusimos rumbo a nuestro siguiente destino y donde teníamos depositadas grandes esperanzas, las ruinas de la Abadía de Beauport. En el camino paramos en Matignon, un pequeño pueblo pesquero donde había un mercado que no pudimos resistirnos a mirar. Totalmente recomendable, nosotros aprovechamos y almorzamos unas crepes, a 50 céntimos la unidad. Continuamos hacia la abadía en Paimpol, que estaba a 90 kilómetros. La carretera no era demasiado buena por lo que  tardamos alrededor de 2 horas en llegar.

Abadía de Beauport en Paimpol

Por fin, pasadas las 11 de la mañana, estábamos en el aparcamiento de la abadía. El tiempo nos dio una tregua y la lluvia aflojó, permitiéndonos disfrutar plenamente de la Abadía de Beauport. Además, para nuestra sorpresa, no parecía haber mucha gente.

La abadía, de la cual solo se conservan las ruinas, fue construida a principios del siglo XIII y se erigió como un centro importante, donde los peregrinos que viajaban a Santiago iniciaban el camino. Está ubicada en la desembocadura del arroyo Correc, por lo tanto, a escasos metros del océano. Su decadencia llegó junto a la de la mayoría de los edificios religiosos franceses, durante la Revolución Francesa. Hoy es un lugar tranquilo, romántico y muy inspirador, que lo convierten en uno de los lugares claves a conocer de la región de Bretaña. Para nosotros, sin duda fue el más espectacular, superando en encanto al Mont Saint Michel.

El horario es de 10:00 a 19:00 y el precio de las entradas para la Abadía de Beauport para un adulto es de 6€. Pero como siempre, hay opciones de entradas reducidas. Antes de entrar a la sala donde se compran las entradas, ya podíamos intuir lo que íbamos a poder encontrar dentro. Ruinas y naturaleza unidas, dando rincones mágicos al visitante.

Abadia de Beauport Paimpol
Abadia de Beauport Paimpol

Después de recoger la entrada hay un museo donde explican la vida en la abadía, sus origines y exponen varios elementos arquitectónicos que pertenecieron a ésta. Los paneles informativos como sucede en la mayoría de los lugares franceses están en francés e inglés.

Del museo se llega al patio central de la Abadía de Beauport, que a su vez es nexo común de todas las salas. Tras llegar a él, la única expresión posible es la de admiración, ¡vaya lugar mágico¡ No hay un solo rincón que no sea encantador, es el lugar ideal para perderte, contemplar toda su belleza y dejar pasar el tiempo. El recorrido puede hacerse por libre o por el orden establecido que está marcado con números. Nosotros hicimos esto último, pero siempre con libertad y dejándonos perder por las ruinas de la abadía. Visitamos los restos de la capilla, la cocina, el huerto, diferentes estancias, los jardines…y no podría quedarme con tan solo un rincón.  Lo último fue cuando salió unos instantes el sol y los rayos se colaron entre los arcos de las ruinas, dando una luz especial al lugar, lo que acabó de provocar que nos enamoráramos de este enclave único.  A continuación, cuelgo un vídeo y las fotos del lugar, que sin duda son dignas de ver y espero que provoquen en ustedes  las ganas de visitar este mágico lugar.

Sillón de Talbert

Con el ánimo por las nubes y comentando aún el maravillo lugar en el que acabábamos de estar, regresamos al coche y pusimos rumbo a nuestro siguiente destino, el Sillón de Talbert. Tardamos aproximadamente una hora en recorrer los 42 kilómetros que nos separaban del lugar.

Es un lugar único que la geología ha ido moldeando durante años, una gran lengua de tierra que se adentra 3 kilómetros en el mar,  y permite ir paseando entre el océano y un paisaje protegido, rico en  flora y fauna . Como no podía ser de otra forma, también tiene leyendas míticas sobre su origen. Cuenta la leyenda que el mago Merlín construyó esta lengua de piedras y tierra, para llegar hasta el hada Viviana, que residía en el sillón.

A pesar de que el tiempo no acompañaba y la amenaza de lluvia estaba presente, comenzamos el camino. Es una ruta de ida – vuelta de 6 kilómetros por la arena de la playa, nada cómoda de realizar. El viento azotaba con fuerza y las primeras gotas de  lluvia empezaron a caer, por lo que decidimos darnos la vuelta. El camino no es fácil, no es cómodo de realizar y para  los 6 kilómetros se necesitan al menos 4 horas, además que la marea estaba baja y debe ser más bonito realizarlo con marea alta. Sin duda es una ruta preciosa, con la posibilidad de disfrutar del avistamiento de aves durante todo el paseo, pero recomiendo al menos dedicar un día en la zona para realizarla tranquilamente y disfrutar plenamente del paseo.

Sillon de talbert
Sillón de Talbert

Era una buena hora para comer y justo en el parking había un restaurante. El problema, lo de siempre, los altos precios. Una cazuela de mejillones con patatas 16€, algo excesivo. Nos preparamos un bocadillo y comimos tranquilos antes de salir a nuestro siguiente destino, que no era otro que, Ploumarch y la Costa de Granito Rosa.

Costa de Granito Rosa

Tardamos aproximadamente una hora en llegar a Pluomanach pero por desgracia, el tiempo no acompañaba, más bien era un auténtico diluvio. Después de lograr aparcar en un parking de pago, esperamos unos minutos en el coche hasta que la lluvia dio una tregua y pudimos  dirigirnos a un bar para  tomar un café, a la espera de una mejor climatología.

La Costa de Granito Rosa como tal, se extiende 10 kilómetros, desde las localidades de Trebeurden y Perros-Guirec, aunque el lugar más carismático, y el que más suele impresionar, es Ploumanach y sus conocidos peñascos.  Estos se formaron hace más de 300 millones de años y ocupan una superficie de 25 Ha. La Costa de Granito Rosa tiene además la denominación de reserva de la biósfera y los senderos están diseñados para que no afecten a la fauna y flora autóctona del lugar. Es sin duda un lugar mágico, y es normal que sea uno de los destinos turísticos más visitados de Francia.

Ruta por la Costa de Granito Rosa

Nosotros teníamos pensado hacer el recorrido de 4,5 kilómetros, iniciándolo en la playa de Ploumanach, hasta llegar a Perros-Guirec y pasar allí toda la tarde hasta que tuviéramos que salir dirección al hotel, pero el tiempo no lo permitió. Decidimos cambiar los planes y visitar solo la zona de Ploumanach, para adelantar nuestra llegada a Huelgoat y si el tiempo lo permitía, recorrer esa misma tarde una ruta por el  bosque de Huelgoat, que en principio estaba previsto para la mañana del día siguiente.

Cuando llegamos al pie de la playa nos quedamos anonadados. Habíamos leído sobre la belleza de esta costa, pero a pesar del día gris, era un lugar espectacular. Creo que de los lugares más bonitos que jamás he pisado. El agua transparente y calmado, con espectaculares rocas graníticas  por todos los lados, y en el horizonte, una isla con el castillo de Costaeres. Lo único que hubiera faltado sería los rayos del sol reflejando sobre las rocas y permitirnos observar su característico color rosado. El no poder hacer la ruta, es otro motivo más para volver a estas maravillosas tierras bretonas.  Aún con la lluvia, hicimos una pequeña ruta que lleva desde la playa a un mirador cercano y que permite tener una bonita vista de toda la playa. A continuación, dejo un vídeo de esta ruta y alguna foto. Sin duda, un lugar donde regresar.

Costa de granito rosa
Costa de Granito Rosa

Bosque de Huelgoat

Huelgoat es un pequeñito pueblo de la Bretaña francesa. Suele ser un destino muy desconocido para la mayoría de los turistas, y no es de los principales lugares que aparecen cuando buscas información sobre Bretaña. Lo primero que nos llamó la atención fue el lago, muy tranquilo y donde los días con buen tiempo puedes alquilar una barquita y darte un paseo.

El principal encanto de Huelgoat son los senderos que discurren por el denso bosque de más de 1.100 hectáreas. Está compuesto principalmente por roble, haya y pino silvestre, y grandes rocas graníticas donde mediante la imaginación, se puede jugar a adivinar formas. Los alrededores del pueblecito además están llenos de mitos y leyendas, mientras paseas puede que te aparezca algún hada que te guíe por el bosque de Huelgoat o que veas la roca donde el Rey Arturo sacó la espada.

Ruta por el Bosque de Huelgoat
Bosque de Huelgoat

Ruta por el Bosque de Huelgoat

El tiempo no acompañaba, llovía con fuerza, pero no quisimos perder la oportunidad de pasear por tan mítico lugar y nos adentramos por un sendero que transcurre junto al  arroyo donde desagua el lago. Hay muchas rutas en Huelgoat, sería necesario una semana para hacer todas, y realmente sería lo recomendable, porque es un sitio mágico. Nosotros simplemente nos adentramos en el bosque y nos dejamos llevar. El ambiente era épico, la densidad del bosque evitaba que la lluvia cayera sobre nosotros y además había una bruma que dejaba en el cuerpo una sensación inefable.  Atravesamos grandes rocas, bajamos a la gruta del Diablo, pedimos deseos en el charco de las hadas y llegamos hasta el campo Artúrico en busca de lugares míticos, aunque solo dimos con una gran gruta. Durante todo el recorrido, disfrutamos como enanos jugado a descifrar las formas que hacían las rocas. No diré nada sobre las formas que nosotros desciframos, creo que es más interesante que cada uno imagine las suyas propias.

El tiempo que pasamos en el bosque de Huelgoat fue maravillo, una sensación única que siempre nos acompañará. Para mí, personalmente, durante el paseo por el bosque, sentí las mejores sensaciones que me ha transmitido un lugar en toda mi vida. Un destino obligatorio para toda la persona que viaje a Bretaña. Después del paseo, y antes de regresar al hotel cenamos en el pueblo en una terraza enfrente del lago, ya que el tiempo dio un respiro y nos permitió  disfrutar un poco más del lugar. Cuelgo unas fotos y un vídeo que describen lo que se puede encontrar haciendo la ruta.

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