Claves para escoger el mejor hotel: ¿qué ofrecen según su número de estrellas?

El verano llega a su fin y con él, las sabrosas vacaciones. No obstante, para un buen número de ciudadanos, cualquier época del año es buena para emprender un viaje. Según el INE, la mayor parte de los turistas españoles no salen del país: mientras que el 8,7 % prefiere descubrir el extranjero, el 61,1 % decide quedarse dentro de las fronteras. Las parejas con y sin hijos son las más aventureras, mientras que las personas ancianas rechazan la idea de abandonar el hogar. Sin duda, la edad es otro factor más que influye en la predisposición a hacer las maletas. Aunque, seguramente, éste no sea el caso de los lectores del blog, en general, el afán por recorrer mundo disminuye a medida que uno envejece.

Independientemente de las preferencias de cada uno, hay algo en lo que sí parecen coincidir todos: el tipo de alojamiento. Los hoteles y los apartamentos turísticos son las opciones más demandadas. Así lo corrobora una gráfica de Statista, que indica el número exacto de habitaciones que hay en España por hotel, en función de las estrellas que avalan su calidad. La inmensa mayoría ofrece servicios de cuatro estrellas de oro. Para ser más exactos, hablamos de unas 350.680 habitaciones. En segundo lugar, están las 173.836 habitaciones de tres estrellas de oro y, ocupando el tercer puesto, las habitaciones de cinco estrellas de oro (unas 52.780 en total).

Que un hotel entre en una u otra categoría depende de las prestaciones que garantiza y de la atención que dispensa al turista. Por esta razón, como la experiencia dentro del alojamiento es tan importante como la que se vive fuera del hotel, hemos decidido explicar las diferencias que existen por número de estrellas y cómo influye la calidad del mobiliario para hoteles en su clasificación.

La mayoría de los establecimientos hoteleros en España tienen cuatro estrellas.

Índice

Hoteles de oro y de plata, ¿de qué depende?

Podemos distinguir entre alojamientos con estrellas de plata y hoteles con estrellas de oro (a los que estamos más acostumbrados). Que las estrellas sean de un tipo u otro depende de la categoría a la que pertenece el establecimiento. Según los servicios que ofrecen y el propósito del alojamiento, podemos hablar de hoteles, apartahoteles, moteles y paradores nacionales (estrellas doradas), y de hostales, pensiones y ciudades de vacaciones (estrellas de plata).

Las prestaciones del hotel según su número de estrellas

En cuanto al número de estrellas, centrándose en las de oro (que son las más habituales), la Escuela de Hostelería y Turismo ESAH explica lo siguiente:

  1. Los hoteles de 1 estrella cuentan con habitaciones individuales de 7 m² (como mínimo) y, cuando son dobles, de 12 m². En el caso del baño, el espacio se reduce a 3,5 m². Además, el hotel debe disponer de ascensor y cada habitación, de calefacción.
  2. En los hoteles de 2 estrellas, las dimensiones de las habitaciones dobles aumentan a 14 m²; en cambio, las individuales siguen siendo de 7 m². El tamaño del baño tampoco varía, pero los servicios que el hotel ofrece sí aumentan (aunque ligeramente): cada habitación cuenta con teléfono propio y, si así lo desea, el viajero puede solicitar caja de seguridad.
  3. Los hoteles de 3 estrellas disponen de habitaciones dobles de 15 m² e individuales de 8 m². El cuarto de baño también es más grande que en los otros casos (4 m²), y a los servicios de los hoteles de dos estrellas, les suman el aire acondicionado en áreas comunes y la posibilidad de tomar algo en el bar.
  4. Con los hoteles de 4 estrellas, la situación mejora notablemente: las habitaciones individuales parten de los 9 m² y las dobles, de los 16 m². Además, cada habitación incluye baño con ducha y bañera. En cuanto a la caja fuerte, la habitación la incluye por defecto (no hace falta solicitarla).
  5. Por último, en los hoteles de 5 estrellas, las habitaciones dobles son de un mínimo de 17 m²; las individuales también suben, a 10 m²; los baños son de 5 m², y cada habitación cuenta con teléfono, aire acondicionado, calefacción y caja fuerte. Además, el hotel dispone de ascensor, bar y restaurante con menú (a menudo, gourmet).

Por supuesto, todos estos aspectos anteriores son orientativos. La presencia de gimnasios, piscinas climatizadas, saunas, zonas ajardinadas, aparcamiento en el hotel, servicio de habitaciones, restaurantes de alta cocina, salas de reunión y eventos para familias y niños también determina el nivel del alojamiento.

El mobiliario cambia según las estrellas

Las estrellas no sólo le indican al viajero la calidad de los servicios del hotel, sino que también le informan sobre el lujo y la comodidad de sus instalaciones. Por consiguiente, cuanto mayor es su categoría, mejor es la calidad del mobiliario. Evidentemente, no todas las piezas del mobiliario requieren nuestra atención (al menos, no con la misma intensidad). Por ejemplo: que el toallero sea de un metal más duradero o menos difícilmente va a alterar nuestra estancia allí. Sin embargo, las camas de hotel ya son harina de otro costal.

¿Por qué hay que fijarse en las camas?

Es fundamental que las habitaciones de los hoteles dispongan de camas cómodas, igual que también sucede con las almohadas. Sólo así favorecerán ese descanso que, precisamente, es lo que impulsa a la mayoría a viajar. Los principales motivos por los que los turistas viajan son, según el Instituto Nacional de Estadística, el ocio y las vacaciones. Por tanto, para alejarse de la rutina y relajarse al máximo, conviene escoger hoteles que, más allá de sus instalaciones especiales (gimnasios, saunas, spas...), garanticen un confort adecuado durante el sueño.Los colchones viscoelásticos, ignífugos y de máxima transpiración de El Rey de las Camas cubren las necesidades de descanso de los viajeros. Además, hay sofás cama y camas abatibles para aprovechar las habitaciones todo lo posible. De este modo, el turista puede contar en la habitación con un escritorio que, al caer la noche, se abate para convertirse en una cama. Este tipo de soluciones son especialmente útiles en los hoteles más económicos (normalmente, los de pocas estrellas), donde las habitaciones son pequeñas, pero donde los viajeros necesitan —como los de cualquier otro hotel— conciliar el sueño.

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