Día 3 : Saint Michel – Cancale – Saint Malo – Saint Suliac – Dinan

Día tres de la ruta por Bretaña. Visitando el impresionante Mont Saint Michel, comiendo las mejores otras de Francia en Cancale, visita al pueblo pirata de Saint Malo, al pueblo vikingo de Saint Suliac y para acabar, al pueblo medieval de Dinan.

“Castillo de hadas erigido en el mar, sombra gris que se alza sobre el cielo brumoso” El ocaso teñía de rojo la inmensidad de los arenales, teñía de rojo la desmesurada bahía; tan solo la abadía escarpada que surgía al fondo, alejada de la tierra como un caserón fantástico, sorprendente como un palacio de ensueño, increíblemente extraña y hermosa, permanecía casi negra a la luz del sol poniente. 

Guy de Maupassant

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Mont Saint Michel

Por fin llegó el día. No hizo falta esperar a que sonara el despertador porque minutos antes de las 07:00 de la mañana ya estábamos despiertos. La noche la pasamos en un hotel dentro del propio Saint Michel, pero debido a la afluencia de turistas, a pesar de ser lunes, decidimos ponernos en marcha temprano para evitar las colas a la entrada de la abadía. Es recomendable comprar las entradas por Internet para evitar esperas , son 10 euros por persona. En el caso de las tarifas reducidas no es posible su compra online, por lo que no queda otra que hacer cola. Es adecuado alquilar una de las audioguías que ofrecen a la entrada, porque cuentan bastante información y apenas hay paneles informativos durante la visita. Tienen un precio de 4.5€ individual o 6€ por pareja.

Desde la zona donde se encuentran los hoteles y restaurantes hasta el propio Saint Michel, hay una carretera de 2 kilómetros. Nosotros realizamos el recorrido andando, así pudimos disfrutar de las vistas del monte según nos íbamos acercando, pero para quien no quiera andar tanto, hay disponibles autobuses lanzaderas de ida y vuelta. Salen aproximadamente cada 10 minutos y en 15 minutos llegan a  la entrada del Mont Saint-Michel.

Mont_Saint_Michel

Un poco de historia del Mont Saint Michel

Dejando atrás unas las leyendas que cuentan, que un tsunami arrasando con todo lo que pillaba a su paso, convirtió Saint Michel en una isla y otras que dicen, que el obispo de Avranches construyó un santuario en el año 708 en la cima del monte, por orden de una aparición del Arcángel San Gabriel y desde ese momento, se convirtió la cima del monte en un lugar de peregrinación. Su origen se remonta al siglo X, cuando unos monjes benedictinos se instalaron en el monte y construyeron una pequeña abadía y una aldea en sus alrededores. La fortaleza jugó un papel importante durante la Guerra de los Cien Años la cual, los ingleses no pudieron conquistar. Con el paso de los siglos fue entrando en decadencia, hasta convertirse en prisión durante la Revolución Francesa. No fue hasta entrado el siglo XX, cuando unos monjes volvieron a asentarse de forma permanente en la abadía.

Otro factor por el que destaca el Monte Saint Michel son sus mareas, que en ocasiones especiales puede haber una diferencia entre la pleamar y la bajamar, de 15 metros. En nuestro caso y muy a nuestro pesar, fuimos en bajamar y no había rastro de agua a varios kilómetros. Nos hubiera gustado poder contemplar la subida de la marea, pero por falta de tiempo no fue posible.

Entrada al interior de las murallas del Mont Saint Michel

Accedemos por la única puerta que hay en sus murallas (Porte de l`Avancée). Como la afluencia de gente cada vez es mayor, sin detenernos y por la calle principal, que está llena de restaurantes y tiendas de souvenirs, vamos directos hacia el lugar donde venden los tikets para la abadía. Ya habrá tiempo después de ver el pueblo tranquilamente. A continuación, dejo un vÍdeo donde se puede ver este camino hasta subir a lo alto del monte. A pesar de no ser aún las 9 de la mañana, ya se puede intuir toda la gente que hay en el interior de Saint Michel.

Abadía de Saint Michel

Tras subir decenas de escalones llegamos a lo alto del monte, donde tenemos acceso al patio principal que permite la entrada a la iglesia, pero antes, si damos la vuelta y vemos las escaleras que hemos subido, observamos un pajarraco imponente que parece vigilar a todos los visitantes.

En el patio principal hay un gran mirador, pero esta abarrotado de gente y resulta difícil poder sacarse una foto. Mirando al horizonte, no hay rastros de agua a kilómetros a la redonda, incluyo muchos curiosos deciden pasear aprovechando que la marea esta baja. Ante nuestros ojos teníamos la fachada principal de la iglesia, a la que entramos después de sentarnos un rato en el muro y contemplar las vistas desde el mirador.

Interior de la abadía

En el interior de la iglesia se pueden apreciar diferentes estilos arquitectónicos: románico, normando y gótico. Sin duda, lo que más llamó mi atención, fueron los capiteles y las columnas que sostenían arcos de medio punto.

capiteles_saintmichel

Desde la iglesia se tiene acceso al claustro, conocido como la maravilla. Era una de las zonas que más ganas teníamos de visitar, pero para nuestra desgracia estaba  de reformas y con un olor a recubrimiento asfáltico, que hacía imposible permanecer allí. Tendrá que ser en otra ocasión, ya es otro motivo para volver de visita. Del claustro llegamos al refectorio y daba la sensación de ser inmenso. Después de recorrer pasadizos estrechos llegamos a la hospedería, donde hay que fijarse en el increíble techo abovedado que tiene, siendo uno de los más antiguos de Europa y las dos chimeneas. Seguimos caminando por pasadizos hasta que llegamos a la cripta. Personalmente fue la sala que más me impresionó, las columnas eran enormes y solo con entrar en la sala se podía sentir algo especial, no sé muy bien cómo explicarlo, pero parecía que el lugar desprendiera poder, al menos para mí.

De la cripta, el camino continuó por la capilla y dos inmensas salas, que son la galería de los monjes y la sala de los caballeros. Impresionaba pasear por sus columnas y observar sus capiteles, lástima que estuvieran tan abarrotadas de gente.  En una sala hay una inmensa rueda que parece de molino, pero que realmente era por donde se subían los suministros a la abadía a partir del siglo XIX. Queda claro quienes giraban la rueda, los prisioneros. Tras bajar unas escaleras de caracol, llegamos a la tienda de souvenirs que indicaba que la visita llegó a su fin. A continuación, dejo un vídeo grabado durante el recorrido por la abadía.

Exterior de la abadía de Sant Michel

Después de salir de la abadía sobre las 11 de la mañana, nos sentamos en un banco con buenas vistas y paramos a comer un bocadillo. Ahora lo siguiente sería recorrer el pueblo con tranquilidad, tranquilidad relativa, porque el número de turistas era tan elevado que prácticamente no se podía andar por las estrechas calles del Mont Saint Michel.  En conclusión, siendo uno de los lugares claves a visitar de esta ruta por la Bretaña, quizás fue un poco decepcionante por la masificación de turistas, pero era algo esperado al ser  agosto, por lo que habrá que volver en temporada baja.

sant michel_interior
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La vuelta la hicimos en autobús y en poco más de 20 minutos, estábamos en el coche dispuestos a partir a nuestra siguiente parada: Cancale. Estábamos a una distancia de 50 kilómetros, por lo que según lo planeado llegaríamos sobre la 1 de la tarde, hora ideal para comer. Esperábamos degustar sus famosas ostras, veremos que sucedió a continuación.

Para nuestra sorpresa, en el camino, pocos kilómetros después de salir de Saint Michel, vimos un bonito molino, por lo que decidimos parar y hacernos unas fotos en él. El interior es un museo y se podía comprar harina a 3€ el kilo.

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Cancale

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Al fin llegamos a Cancale.  Según nos acercábamos no dejábamos de ver naves donde ofrecían la venta de ostras por unidades. Bajamos al pueblo dirección puerto, pero era imposible aparcar y lo que podíamos ver en las terrazas de los restaurantes era que estaban todos llenos. Nos habíamos desviado a Cancale solo para comer, pero la cosa estaba resultando complicada. Dimos varias vueltas más y antes la imposibilidad de aparcar, decidimos tirar de reservas y comernos un bocadillo en algún lugar tranquilo alejado del tumulto. Según nos íbamos, la última casa del pueblo, o la primera según se mire, tenía cestas con ostras por fuera de la tienda.

Aparcamos en doble fila unos instantes y entramos dentro. La ostra nº1 costaba 6€ la docena, así que encargamos 2 docenas que, muy amablemente la tendera se encargó de abrir por 1€ más. Además compramos una botella de sidra. En ese justo momento , en el aparcamiento un coche se iba y pudimos aparcar, lo que nos permitió comer tranquilamente las ostras en un banco a la sombra  y con vistas al mar. Nos supieron a poco, así que volvimos a por otra docena y ya satisfechos después de cumplir con nuestro objetivo, continuamos el viaje dirección Saint Malo.

ostras_cancale
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Saint Malo

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Media hora después de salir de Cancale, llegamos a Saint Malo. Todo lo que había leído de este lugar era magnifico y siendo sinceros, me apetecía pasear por una ciudad corsaria. La llegada al casco antiguo era un caos, el tráfico horroroso, apenas podíamos recorrer unos metros por minuto. Al avanzar un poco más descubrimos la razón, la cola por entrar al parking hacía imposible seguir adelante. En ese primer parking había unos 10 coches esperando, así que decidimos seguir adelante porque había carteles que indicaban 4 parkings más y había sitios libres. Sin exagerar, tardamos media hora en cruzar unos 200 metros y al llegar a la entrada de los parkings, en todos había cola.

Muy a mi pesar y ante la imposibilidad de aparcar, decidimos dar una vuelta con el coche por dentro de las murallas a sabiendas que aparcar iba a ser imposible y así fue, pero al menos pudimos conocer algo de Saint Malo. Para colmo, cuando nos dirigíamos dirección Saint Suliac, se levantó el puente levadizo justo cuando íbamos a pasar y nos tocó esperar 20 minutos más. Tuvimos que resignarnos, tanto tiempo perdido y sin poder ver nada. Habrá que volver en otra época que no sea temporada alta, aún tengo algo pendiente con Saint Malo.

Saint Suliac

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Saint Suliac es un pequeñito pueblo de pescadores en la orilla del río Rance. Sobre todo fuimos a él, porque con marea baja, se pueden ver los restos de un antiguo asentamiento vikingo, pero la verdad que no tuvimos suerte. Aun así, la visita no defraudó.

Encontramos aparcamiento a la primera en los alrededores del puerto, que después de lo acontecido en Saint Malo ya era bastante y decidimos caminar por todo el paseo marítimo. Estaban montando un mercadillo, algo extraño por la hora que era, sobre las 17:00 de la tarde. Regresamos sobre nuestros pasos después de llegar al final del paseo y teníamos dos opciones: aprovechar el buen tiempo y darnos un baño, o subir hasta el santuario  en lo alto de una colina a través de en una pequeña ruta por el pueblo. Escogimos esto último y en 20 minutos nos plantamos en el santuario donde había varias personas. Después de contemplar las vistas y buscar los restos del poblado vikingo, por otro camino que discurre por la costa, más corto, pero con más pendiente, regresamos hacia el lugar de partida. Como el tiempo era agradable, descansamos tranquilamente y disfrutamos tumbados en la playa. Una cosa curiosa de Saint Malo, es que muchas casas de pescadores están con redes en la fachada.

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saint_suliac_mirador
saint suliac_pueblo
sanit_suliac_puerto
saint suliac

Dinan

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Sobre las 19:00 llegamos a nuestro último destino del día y  donde haríamos noche. La ciudad medieval de Dinan, que cuenta con una población aproximada de 11.000 habitantes. El día fue intenso y estábamos algo cansados, pero teníamos muchas ganas de conocer Dinan.  Se ubica en una colina a orillas del río Rance, cuenta con casi 3 kilómetros de murallas y un castillo del siglo XV  que durante años, veló por la seguridad de sus habitantes. Además como no podía ser de otra forma, también conserva las  casas de entramado de madera , con tejados en forma de triángulos puntiagudos que dejan entrever la época de esplendor que vivió la ciudad.

Dejamos las maletas en nuestro hotel que estaba situado por el centro y empezamos nuestro paseo por las calles del casco antiguo. La primera impresión fue la de un pueblo muy animado, con la gente paseando por las calles, la mayoría peatonales, y las terrazas llenas.

Que ver en Dinan

Lo primero con lo que topamos fue la estatua de Bertrand du Guesclin, en la plaza que lleva el mismo nombre y que además, es donde estaba ubicado nuestro hotel. Bertrand du Guesclin fue un militar francés (S. XIV) de notable importancia en la Guerra de los Cien Años, donde liberó Bretaña y Normandía del control inglés. Entre su legado, lo más conocido fue la táctica de tierra quemada conocida como Du Guesclin.

dinan_ bertrand du guesclin

Continuando con el paseo sin una dirección fija, lo siguiente que nos llamó la atención fueron 4 casitas típicas bretonas. La verdad que impresiona lo bien que se conservan, en ese momento solo podía pensar lo impresionante que debería ser hace siglos al entrar en Dinan y encontrarte toda la ciudad  con el mismo estilo urbanístico de casitas bretonas. Unos metros más adelante, en la Place des Merciers, no pudimos resistirnos a su encanto y paramos a tomar una cerveza en la terraza, mientras disfrutábamos del  animado ambiente del lugar, con artistas interpretando canciones típicas bretonas.

Después de refrescarnos con la cerveza, seguimos caminando hasta llegar a la iglesia de Saint-Malo, que está construida en el punto más alto de la colina. Es una construcción románica del S. XII.

Continuando a ritmo pausado por el casco histórico, llegamos por medio de la Rue de L´Ecole a una de las puertas de la ciudad y decidimos hacer un recorrido por las murallas. Esta parte sin duda fue la que más nos gustó, el tiempo acompañaba y mientras recorríamos las murallas y los torreones, no dejábamos de imaginar lo complicado que lo tendría cualquier asaltante que intentara tomar la ciudad, ya podían sentirse protegidos los habitantes antiguos de Dinan. Aprovechamos para sacarnos fotos, y sobre todo para contemplar la impresionante calle Jerzual. Calle empedrada y empinada, que conecta el centro del casco histórico con la bajada hacia el puerto por la puerta de Jerzual, situada en una torre de vigilancia del S. XIII.

Jerzual_dinan

Por el exterior de las murallas, bajamos hasta el imponente puente que permite una excelente vista panorámica del puerto. Regresamos hacia el casco histórico por una puerta en las murallas, que da acceso a un tranquilo parque donde paramos a descansar un instante después de la intensa subida. A pocos metros del parque, se localiza la iglesia de San Salvador de Dinan. Continuamos el paseo y nos quedaba por encontrar la torre del reloj, que habíamos oído hablar muy bien de ella y después de caminar por unas callejuelas, estábamos bajo ella. La verdad que es un rincón encantador y no defraudó.

torre reloj_dinan

Por último y antes de regresar al hotel para descansar después de una dura jornada, visitamos los exteriores del castillo, que ya se encontraba cerrado. Se nos planteó la duda de si verlo al día siguiente antes de salir para nuestro próximo destino, o simplemente conformarnos con visitarlo por fuera. Pero eso ya, sería para el próximo día.

A continuación un vídeo del paseo por Dinan.

Lee aquí el día 4º de la ruta por Bretaña.

Día 4: Cap Frehel -Abadía de Beauport – Sillón de Talbert – Costa de granito rosa – Huelgoat

Gastos del día:

Gasolina 57.25€

Comida : 26€

Las mejores guías para disfrutar de Bretaña

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Mi ruta por Bretaña

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