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Día 1 : Zaragoza – Rennes

¿Sabes qué ver en Rennes? ¿Cómo llegar a la Isla de Ré? ¿Dónde comer ostras en la Rochelle? ¿Qué ver en la Rochelle? Acompáñame en mi primer día de ruta por la Bretaña  desde Zaragoza a Rennes y por el camino, a disfrutar de la gastronomía francesa comiendo ostras de la Rochelle, pasear por el paseo marítimo de la Rochelle y visitar sus dos impresionantes torres medievales, la Torre de la Cadena y la Torre de San Nicolás. En Rennes disfrutar de su casco histórico, cruzar la Puerta de Mordelaises y admirar la arquitectura de las casas de madera de la Plaza Cham Jacquet.

Zaragoza - Rennes

Sonó el despertador, 04:30 de la mañana del domingo 30 de julio. Con los ojos aún borrosos por el madrugón, y después de preparar un café, emprendimos hacia el coche cargados con las maletas y repletos de sueños, ilusión y ganas de recorrer una tierra tan mítica como la Bretaña francesa.  ¿Quién no ha fantaseado con la leyenda del Rey Arturo, con duendes y hadas o con las leyendas Celtas? Pues bien, llegó el día y poco más de 900 kilómetros nos separaban del punto de partida de nuestro objetivo, la ciudad de Rennes, que además es la capital de Bretaña.  Debido a las buenas referencias que habíamos escuchado de la Rochelle, decidimos desviarnos y parar allí para comer las famosas ostras de la Rochelle.

Con la llegada del mes de agosto, y las vacaciones de la mayoría de los españoles, teníamos un poco de miedo a  que en plena operación salida/regreso topáramos con grandes retenciones, de ahí el madrugón. Teníamos dos opciones, la primera era cruzar la frontera por Irún, incluyendo buena cantidad de gasto en peajes, o ir dirección Pau y atravesar la frontera por el túnel de Somport. Debido al gran número de kilómetros a realizar, tomamos la decisión de ir por Irún que nos garantizaba mejores carreteras, pero no nos libraba de posibles retenciones.  Al final, pasamos la frontera antes de las 8 de la mañana y por suerte, no tuvimos ningún problema para cruzar en el peaje de Irún. Según avanzaban las agujas del reloj iba aumentando el tráfico, pero los principales problemas se situaban en dirección contraria, en la gente que iba dirección a España.

Qué ver en la Rochelle

La Rochelle es un antiguo pueblo de pescadores del que se tiene constancia por primera vez en el siglo X, está localizado en la fachada atlántica francesa y goza de una ubicación privilegiada.  Tiene a escasos metros la Isla de Ré, de la que se encuentra unida por un impresionante puente cuyo acceso es de pago, y en una posición intermedia de la punta de la Bretaña francesa y de la frontera con España. Actualmente cuenta con una población de casi 77.000 habitantes.

Qué ver en la Rochelle
Paseo marítimo de la Rochelle

Llegamos a las 12 de la mañana, buena hora para comer en Francia, y unido a que era domingo, la primera dificultad llegó a la hora de encontrar aparcamiento. Tras dar unas vueltas, al final encontramos un hueco para aparcar y nos dirigimos a recorrer el casco histórico en busca de los principales lugares de interés de la Rochelle. Vagamos sin rumbo por sus calles hasta acabar en el puerto. La primera impresión fue la de una ciudad que vivía para el turismo, con las terrazas llenas de gente comiendo  ostras y cazuelas de mejillones con patatas (moules et frites) . Sinceramente y siendo una persona que le encantan los mejillones, pagar unos 11 euros que costaban de media en casi todos los restaurantes los moules me parecía un abuso, las ostras venían a salir a euro la unidad.

Nos topamos con uno de los puntos clave de la Rochelle. Teníamos delante las dos impresionantes torres medievales que flanquean la entrada del puerto, La torre de la Cadena y La torre de San Nicolás con sus 42 metros de altura. Allí, mientras las contemplaba, imaginaba lo impresionante que debería ser, siglos atrás, llegar al puerto con tu pequeña embarcación tras una jornada de duro trabajo y observar semejantes torres velando por la seguridad de la ciudad. La entrada a la torre costaba 6 euros y desde el mirador se tiene una vista panorámica impresionante de toda la ciudad.

Ostras en la Rochelle

Seguimos caminando por las calles estrechas y empedradas de la Rochelle, admirando los palacetes renacentistas que muestran el gran esplendor comercial que tuvo la ciudad en épocas pasadas, así como sus calles con largos soportales donde hay multitud de comercios, y las numerosas edificaciones de piedra blanca que dota de una belleza singular a la ciudad.

Como solo estábamos de paso y el hambre empezaba a dejarse notar, acabamos el paseo en un lugar clave y totalmente recomendable, la plaza del mercado, donde antiguamente los pescadores vendían sus productos. A pesar de que eran las 2 de la tarde, todos los puestos ya estaban recogiendo, pero tuvimos la fortuna de que un vendedor muy amable, mientras recogía el tenderete, nos preparó 2 tablas con 12 ostras cada una. El precio fue de 6 euros por tabla, saliendo a 50 céntimos por unidad. En la Rochelle se encuentra una de las zonas productoras de ostras más importante de Francia, que da nombre a la denominación de origen de Oléron, teniendo fama de ser las mejores ostras francesas. La verdad, que no defraudaron.

Ostras en la Rochelle

Cómo llegar a la isla de Ré

Con un buen sabor de boca regresamos de vuelta al coche para continuar el camino, aunque antes quisimos llegar a la Isla de Ré, y llegamos hasta donde empieza el larguísimo puente de 3 kilómetros que une el continente con la isla, pero el coste del peaje, 16€, hizo que diéramos la vuelta y nos tomamos un café desde el restaurante que hay en el aparcamiento de las proximidades del puente y donde contemplamos la imponente construcción.

Rennes

Después de 4 horas de nuevo en la carretera,  y tras sufrir más de una hora de tráfico lento mientras pasábamos Nantes, llegamos a Rennes. Es la capital actual de la región de Bretaña y cuenta con 210.000 habitantes. Sus orígenes datan de siglos atrás, concretamente entre el siglo primero y segundo antes de cristo, siendo la capital de la tribu gala de los Redones. Durante la edad media, jugó un papel importante al ser un puesto fronterizo entre el ducado de Bretaña y el reino de Francia. Actualmente es una ciudad universitaria que cuenta con más de 60.000 estudiantes cada año, dotando a la ciudad de un gran ambiente que se puede palpar por sus calles, y que cuenta con muchos lugares de interés.

Qué ver en Rennes

A pesar de estar algo cansados por el viaje,  después de dejar las cosas en el hotel salimos a dar un paseo por el casco histórico de Rennes. Aparcamos en la Plaza de Bretaña y por las horas de nuestra llegada, nos resultó imposible visitar la oficina de turismo de Rennes. Optamos por dejarnos llevar y sin rumbo fijo, emprendimos camino para dejarnos sorprender ante lo que viniera, aunque esperábamos encontrarnos con el barrio medieval y las construcciones de madera típicas de Bretaña.

Lo primero con lo que  topamos fueron los restos de las murallas de la ciudad, vistas desde el parque Hyacinthe Lorette. Actualmente, apenas quedan restos de las murallas, junto a éstas, solo existen restos en la puerta Mordelaises, donde a su vez se pueden apreciar los vestigios de la antigua muralla romana que defendía la ciudad.

Qué ver en Rennes
Murallas de Rennes

Continuamos por la calle de la Monnaie y de repente nos sorprendió la catedral de San Pedro, entre la que destacaban sus dos torres de 48 metros. Para nuestra desgracia estaba cerrada, pero al darnos la vuelta tras el intento de abrir la puerta, encontramos un rincón que parecía mágico y evocaba al pasado. Era una estrecha calle empedrada que acababa en un pasadizo que no sabíamos muy bien donde nos llevaba, así que no dudamos en adentrarnos en tal incertidumbre y llegamos a uno de los rincones más reconocibles de la arquitectura medieval de la ciudad, la puerta Mordelaises. Sinceramente, el estado de los alrededores nos defraudó un poco. Uno va soñando que es un viajero entrando por las puertas de una ciudad medieval, pero se despierta  con muros y pintadas que provocan que el sueño se desvanezca.

Rennes
Puerta Mordelaises

Seguimos paseando hasta llegar a la plaza Les Lices, que cuenta con un gran mercado en la parte central y las características casas bretonas de madera en uno de los extremos , mezclándose con los edificios de construcción actual. Durante el paseo por las calles del barrio medieval, encontramos numerosas casitas de madera, que dan color a la ciudad, y mientras disfrutábamos de la caminata llegamos posiblemente al lugar que más nos gustó de todo Rennes, la plaza Cham Jacquet. Es un lugar maravilloso y con encanto, que merece la pena detenerse a contemplar e imaginar, como transcurriría la vida en esa plaza hace siglos. Son casas de madera construidas en el siglo XVII, coloridas y con tejados abuhardillados de pizarra. Llama la atención que no están rectas, pues se aprecia una atenuada inclinación en las mismas. 

Las casas de madera que actualmente hay en la ciudad de Rennes, fueron las que resistieron el terrible incendio de 1720 y que arrasó con el 75% de todas las que había tras los muros la ciudad. A partir de ese incendio, las construcciones pararon a ser de piedra.

Plaza Cham Jacquet
Plaza Cham Jacquet

La siguiente parada fue el Palacio del Parlamento de Bretaña, ubicado en la plaza del Parlamento donde todos los edificios fueron construidos en piedra tras el incendio de 1720. A pocos pasos de la plaza del Parlamento se encuentra la plaza del Ayuntamiento, que  alberga el edificio de la Opera de la ciudad, construido por Pierre Louise. Tras el agradable paseo, pusimos rumbo al hotel para descansar y coger fuerzas para la jornada del día siguiente.

Parlamento de Bretaña
Parlamento de Bretaña

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