Día 6 : Concarneau – Quiberon – Carnac – Auray – Vannes

Sexto día de la  ruta en coche por Bretaña.  Dejamos atrás el finisterre  francés para adentrarnos en el sur de la península de Bretaña. Salimos  de Quimper a las 08:00 de la mañana hasta llegar a Vannes, donde haríamos noche. En el camino paramos en Concarneau, Quiberon, Carnac y Auray.

Concarneau

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Es una ciudad pesquera situada en una de las bahías más espectaculares de Bretaña. Durante siglos, fue uno de los principales puertos de sardinas de Europa y actualmente, es el primer puerto atunero de Europa. Si te gusta madrugar y puedes asistir, es recomendable visitar el puerto a primera hora de la mañana, para ver la venta directa del pescado.  La expansión de la ciudad se origina sobre los alrededores de la ciudad medieval fortificada, que cuenta con unas impresionantes murallas y se sitúa, sobre un islote rocoso . Se conoce como la Ville -Close, siendo en la actualidad uno de los lugares más visitados de Bretaña.

Qué ver en Concarneau

Nada más llegar al centro se notaba mucho alboroto para ser primera hora. Buscamos aparcar cerca de la Ville-Close y nos costó encontrar un hueco. La razón, el inmenso mercado que ponen justo enfrente de la fortaleza. Al final aparcamos, pagamos la zona azul y decidimos primero dar una vuelta por el mercado. Como siempre, salimos maravillados del ambiente. En este  se podían encontrar puestos de gastronomía local,  lo que aprovechamos para comprar el almuerzo. La mayoría de los puestos permitían degustar los productos, quesos, panes tradicionales, patés, embutidos y chocolate.

 
Concarneau

A pesar de ser temprano, ya se notaba mucho trajín de gente, sobre todo dirección a la fortaleza. Antes de que estuviera más transitada, cruzamos la calle, nos dirigimos a la entrada  y nos hicimos las fotos de rigor. La verdad que impresiona, en el pasado debió ser una fortaleza inexpugnable. Las murallas datan del siglo XVI y están flanqueadas por torres de granito. Tras atravesar un puente que une la isla con el continente y pasar varias puertas, logramos adentrarnos en el interior la fortaleza.

La primera parada fundamental es la oficina de turismo. Se encuentra en la plaza que hay antes de entrar a la calle principal. Puedes recorrer las calles del interior, donde encontraras montón de tiendas de souvenirs, artesanales y restaurantes y también pasear por las murallas, pudiendo dar una vuelta completa a la fortaleza. Justo enfrente de la puerta principal, se encuentra la puerta del vino. Ésta da acceso al puerto y fue donde durante siglos, se descargaba el vino procedente de Burdeos,  para posteriormente enviarlo hacia otros puertos europeos.  Hay un pequeño escenario donde todos los días representan torneos medievales, por desgracia los realizan a las 5 de la tarde, así que no pudimos asistir.

El ticket de la zona azul se nos acababa, así que dimos una vuelta por el puerto y regresamos al coche para poner rumbo a la península de Quiberon, que está a más de 100 kilómetros. En el camino teníamos pensado parar en Pont Aven pero nos fue imposible aparcar y decidimos no realizar la parada.

Quiberon

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Es una península de 14 kilómetros de largo y 3 de ancho. Se aprecia un fuerte contraste entre las playas salvajes y los acantilados del oeste con las playas de arena fina del este. Justo al comienzo de tomar la carretera central, que recorre la península, se encuentra el Fuerte Penthievre. Actualmente es una base militar que tiene prohibido el paso, pero que permite visitar la cripta donde están enterrados 59 franceses que fueron asesinados por los alemanes en la II Guerra Mundial. La cripta, a pesar de no ser muy llamativa, transmite una fuerte sensación de angustia cuando se recorre. Justo en el muro exterior, están los nombres y la edad de todos los fallecidos, además de fotos de las ejecuciones que no son aptas para la gente demasiado sensible.

Qué ver en la península de Quiberon

En la península hay dos núcleos urbanos principales, el primero nada más entrar por la carretera es Sanit- Pierre. Este pueblo de pescadores fue ocupado por los alemanes durante la II Guerra Mundial. Es un lugar muy recomendable para parar a comer en cualquiera de los pequeños restaurantes con los que cuenta y disfrutar de pescado fresco a buen precio.

En la punta se encuentra Quiberon, pequeño pueblo de 5000 habitantes donde se tienen las mejores vistas del golfo de Morbihan. A pocos cientos de metros se localiza, en plena costa salvaje, el castillo de Turpault. Es privado y no se puede visitar, pero es agradable pasear por los alrededores y sentarse a ver como las olas chocan contra las rocas dando un magnífico espectáculo. Estando allí, me imaginaba la sensación que tiene que dar, estar en el castillo un día de fuerte oleaje y sentir toda la fuerza del océano. 

Nosotros recorrimos las carreteras que bordean la costa y paramos en las diferentes playas. Toda la zona está preparada para practicar deportes, especialmente el windsurf. Además, hay un carril bici de más de 40 kilómetros que rodea toda la costa y también encontramos numerosos campings. Salimos enamorados de la belleza de sus paisajes. Nos hubiera gustado pasar allí más tiempo, pero la siguiente visita no podía esperar y nos dirigimos hacia Carnac.

Carnac

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En poco más de 30 minutos estábamos en Carnac y no tardamos en divisar las señales que indicaban los alineamientos. El primer punto donde paramos fue en Le Menec, donde se encuentra el punto de información. El parking estaba completo y tuvimos que parar en la cuneta de la carretera, que hacía de parking improvisado ante la cantidad de coches que había. La visita es gratuita, y hay la posibilidad de montar en un tren por 5 euros que rodea todos los alineamientos y te va explicando la historia del lugar. Tiene una duración de 50 minutos y es  muy recomendable.

El lugar transmite sensaciones especiales. Es el monumento prehistórico más extenso del mundo y está formado por más de 3000 menhires en hileras de más de 1 kilómetro de largo, ocupando una superficie total de 40 ha. Los expertos los han datado entre el siglo V y III A.C. Cuenta con tres grandes conjuntos, el de Le Menec, Kermario y Kerlescan. Hay un camino que bordea todos los megalitos y mientras los recorres, no puedes dejar de preguntarte el significado que tendría para las gentes del lugar o al mismísimo Obelix, entreteniéndose colocando todos los pedruscos. Es todo un misterio desconocido la función y el origen que tendrían estas piedras, aunque algún experto lo ha puesto en relación con la astronomía. Hay un pequeño mirador que permite apreciar la alineación de los menhires, el cual es recomendable subir y pasar unos minutos observándolos desde allí, mientras se  piensa en su posible significado. Fue una de las visitas de todo el viaje que más nos gustó. La verdad que no lo esperábamos así, a pesar de documentarnos sobre el lugar.

CARNAC
alineaciones_carnac
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Auray

El tiempo se nos echaba encima, habíamos empleado mucho tiempo paseando por los alineamientos de Carnac, disfrutando plenamente del lugar, pero era hora de partir. Camino de Vannes, paramos en el pueblecito de Saint Goustan porque teníamos muy buenas referencias del puerto medieval de Auray, que tiene la fama de ser el más encantador de Bretaña.

Aparcamos sin problemas en una callejuela del centro, pero para llegar hasta el puerto, hay que bajar una empinada cuesta de adoquines, no apta para todas las personas. Una vez abajo, se llega a un rincón muy bonito donde se puede ver como el puente de piedra, con cuatro ojos, da acceso al puerto, las casas típicas bretonas de entramado de madera y el muelle que tanta actividad tuvo en el pasado fruto del comercio de vino y el cereal. El mismo Benjamin Franklin atracó en este puerto para tener una audiencia con el rey Luis XVI. Dimos un paseo por el puerto, tomamos una cerveza para hidratarnos en una terraza y tras subir de nuevo la cuesta de la calle principal, montamos en el coche para seguir hacia nuestro último destino del día y donde pasaríamos la noche.

Vannes

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Es la capital de Morbihan y tiene fama de ser una ciudad muy animada, algo que pudimos comprobar, pues sus calles y terrazas estaban llenas de gente. Aparcamos el coche en un parking del puerto y fuimos en busca de la oficina de turismo, pero estaba cerrada, por lo que decidimos callejear sin rumbo y perdernos por las callejuelas del casco histórico.

Entramos en el interior de la ciudad amurallada por la puerta St Vicent, que es el patrón de la ciudad, y continuamos callejeando hasta llegar a diferentes plazas: Des Lices, Plaza St Pierre, Plaza Henry IV y la Plaza Bruslee que a través de la puerta de la prisión nos saca del recinto amurallado y vamos a parar a un pequeño paseo por un jardín con vistas a la Torre du Connetable. Regresamos sobre nuestros pasos para volver a la ciudad fortificada y recorrimos las calles que nos quedaban, aprovechando para cenar en un bar con una terraza muy agradable cerca de la catedral. Después de cenar, regresamos tranquilamente al coche y nos fuimos a descansar al hotel, que la jornada había sido exigente.

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